Cuando los planes salen bien

Os cuento brevemente como llegué a sacar una de mis fotos preferidas.

Foto: Aitor Alegre Copyright © 

Hoy viajamos hasta octubre 2018. Acababa de venir de mis vacaciones en Portugal en donde mi fotografía dio un gran salto en calidad. El simple echo de madrugar y capturar el amanecer me hizo darme cuenta de la importancia de la luz en la fotografía.

De un modo u otro quería que mi fotografía mejorase aún más, así que no me quedaba otra que repetir la formula que había funcionado: estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. Para ello, tenia que planearlo todo bien.

Por lo tanto me puse manos a la obra: primero busqué un lugar que me gustara, miré las condiciones meteorológicas que tendría, usé aplicaciones para saber por donde saldría el sol y me informé cuanto tardaría en llegar al lugar deseado.

A las 5 de la mañana sonó el despertador. Me levanté y cogí la mochila que había preparado el día anterior con todas las cosas que necesitaría ese día. Depues de conducir 1 hora en coche, llegué a parking, pero aún me esperaba una caminata por el bosque en plena oscuridad. La idea no me agradaba mucho, pero por lo menos ya había estado allí y el miedo irracional a la oscuridad era menor.

Cuando llegué a mi destino, un pequeño mirador en donde a penas entran un banco y una mesa, miré las vistas y no ví nada extraordinario; pero cuando giré la cabeza hacia la izquierda, no me lo podía creer: una cantidad de niebla considerable se acercaba lentamente hacia la localidad deseada. La niebla estaba a la altura perfecta, ni en mis mejores sueños me lo había imaginado así.

Puse el trípode en un lugar seguro, compuse la foto y puse los parámetros adecuados en la cámara. Solo me quedaba esperar tranquilamente sentado a que el sol pegara a la iglesia. Cuando salió el sol, solo tuve que hacer «click».

A esta foto la tengo un especial cariño por el echo de ser la primera donde organicé todo con antelación. La verdad que el resultado no podría haber sido mejor.

Deja un comentario